La ley antimonopolio Ramírez Cuéllar

La nueva ley antimonopolio pretende regular nuevas prácticas monopólicas de abuso de  posición de dominio: en este caso la imposición de precios o condiciones ‘no equitativas’. 

Por Carlos Mena1 

05 de marzo de 2025 

Hace unos días se publicó en la Gaceta Parlamentaria la iniciativa presentada por el  diputado Alfonso Ramírez Cuéllar de una nueva ley de competencia denominada Ley  Federal Antimonopolio y de Competencia Económica. El promovente es un defensor  histórico de las políticas de competencia como herramienta para mejorar las condiciones  de los consumidores en México, y un crítico de la falta de profundidad que se ha logrado  con estos esfuerzos en el pasado. Su rol ahora en el Legislativo es una oportunidad  histórica que debería aprovecharse para avanzar en estos temas. 

Entre otras cosas, la nueva ley de competencia aumentaría las sanciones, reduciría los  plazos de los procedimientos, establecería nuevas prácticas monopólicas y la obligación  de notificación previa de acuerdos de colaboración. Igualmente, crearía una nueva  autoridad de competencia con un nuevo arreglo institucional, construyendo sobre la ley de  competencia actual que data de 2014, y creando la Agencia Nacional para la  Competencia y el Bienestar Económico como la autoridad en la materia (que sustituiría a  la Comisión Federal de Competencia Económica, Cofece), cumpliendo con lo establecido  en la reforma constitucional para la simplificación administrativa. Esta nueva agencia  estaría conformada por un órgano de decisión integrado por cinco comisionados, y  establecería una Fiscalía Antimonopolio que reemplazaría a la actual Autoridad  Investigadora. Recordemos que esta autoridad es la encargada de todas las actividades  de investigación dentro de la autoridad, y cuenta con autonomía para decidir qué y  cuándo investigar. Esto es de lo poco que se aseguró en la reforma constitucional para  mantener una estructura que afirme la separación de funciones para el debido proceso. 

En cuanto a las disposiciones sustantivas, la iniciativa pretende regular nuevas prácticas  monopólicas de abuso de posición de dominio: en este caso la imposición de precios o  condiciones “no equitativas”. Este tema está muy en boga en otras jurisdicciones y en  especial se ha aplicado a temas de mercados digitales y energía. También se “legisla” el  concepto de grupo económico con el objetivo de sancionar a todo un grupo de empresas,  cosa que se había aplicado en casos específicos, pero no estaba en la ley. Ambos  conceptos podrían dar mucha pólvora al regulador para incidir en los mercados. 

1 EL FINANCIERO: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/carlos-mena/2025/03/05/la-ley-antimonopolio-ramirez cuellar/ 

Otro tema que también ha causado cierta preocupación es la introducción de los  conceptos de la legislación de telecomunicaciones que tienen que ver con temas de  competencia, toda vez que, de acuerdo con la reforma constitucional, este nuevo órgano  deberá tomar los temas de competencia que regulaba el Instituto Federal de  Telecomunicaciones (IFT), en especial, el tema de preponderancia que ha tenido sus  problemas en la aplicación práctica. Incluso ahora algunos hablan de querer ampliar el  concepto para que aplique a otro tipo de empresas más allá de telecomunicaciones y  radiodifusión, lo que podría abrir la caja de Pandora. Los conceptos de  telecomunicaciones son algunos de los aspectos que se pudieran mejorar para que no se  caiga en los problemas que enfrentaron el IFT y la entonces Cofeco para su aplicación y  que ahora los herede la nueva autoridad. 

Por otro lado, la iniciativa trae conceptos novedosos, como por ejemplo el de neutralidad  competitiva, lo que parecería seguir principios de nuestros tratados comerciales y  tendencias internacionales de no beneficiar a empresas públicas distorsionando el  mercado. Este tipo de conceptos, sin embargo, podría chocar con otro tipo de  disposiciones en ordenamientos de energía o de telecomunicaciones, por ejemplo. 

Esta iniciativa, aunque como todas es mejorable, mantiene adecuadamente los principios  de regulación de la competencia, que son mejores prácticas internacionales y cumplen  con lo establecido en nuestros tratados comerciales. Habrá que ver si vienen otras  iniciativas que complementen el esfuerzo y permitan asegurar que contemos con leyes  que defiendan el bienestar del consumidor. Urgen definiciones al respecto para dar  seguridad a consumidores e inversionistas.